Para nadie es un secreto que Noel Chávez Velázquez rescató a Julio Yáñez para devolverlo al Partido Revolucionario Institucional y por la puerta grande, nada menos que como suplente de diputado federal, con todo y los corajes que hicieron no pocos por la decisión del entonces precandidato, sobre todo los que se sentían con mayores derechos que Julio de ocupar esa suplencia, pero fue un puñado de valientes que le hicieron saber su sentir a Noel, porque los demás no se atrevieron y apechugaron.
El excalcalde de Guadalupe y Calvo levantó sus propias encuestas verbales acerca de la opinión que tenían sobre Yáñez Cervantes y la gran mayoría expresó cosas buenas, aunque otros recordaron que se fue de candidato a síndico por el PES cuando Chava Calderón buscó por primera vez la alcaldía bajo las siglas moradas, y otros lo tildaron de traidor asegurando que Julio apoyó al Caballo Lozoya y que hasta le habría vendido información sensible de la militancia, tal y como se dijo mucho tiempo de Ramón Arredondo, aunque de este último hay hasta fotos saliendo de la casa de Alfredo. Nunca pasó nada.
Lo cierto es que, si Julio probó suerte en otro partido fue porque en el Revolucionario Institucional nunca le dieron chance, entonces, justificado o no, al menos ya supo lo que es buscar el voto para sí mismo y no para los demás. Esa fue la “traición” que muchos no le perdonan al exdirector de Servicios Públicos en tiempos de Miguel Jurado Contreras, por eso no aceptaban que Noel se fijara en él para acompañarlo en la fórmula, pero tampoco se atrevieron a cuestionárselo al grado de ponerlo a dudar.
El contexto era necesario para entender las circunstancias en las que (ya mero) llega Julio Yáñez a la Presidencia del Comité Directivo Municipal del PRI en Parral, uno de sus anhelos, además del de ser candidato a alcalde por esas mismas siglas, y es también la razón por la que no puede permitirse fallar y convertirse en un gerente de Chela Ortiz y de Alex Domínguez, sino en un auténtico dirigente que logre encarrilar al desangelado partido, que pueda revivir los llenos en el auditorio y que sea capaz de convencer que regresen los agraviados de “la licenciada” y del cerradísimo círculo rojo que tiene secuestrado al tricolor en Parral, de los que, irónicamente, hoy forma parte el cuasi dirigente.
Y es que las 10-15 presidentas seccionales que quedan no les alcanzan para sacar al PRI de la peor crisis que haya vivido, de tal forma que ni celebración de aniversario hicieron. ¡Es más! Reúne más gente Jesús Aguirre en la pizzería o Pedro Villalobos en su terreno, que la dirigencia actual. De hecho, paralelamente al inminente nombramiento de Julio, tanto Chu como Pedro están organizando reuniones, cada quien por separado, para enviarle señales al próximo líder priista que le hagan ver dónde está la gente y, si bien no son en su contra, tampoco se las están juntando a él.
Pero, ¿qué pasó con Ramón Arredondo? Todavía hasta el viernes 21 de marzo, él seguía siendo el ungido y lo pregonaba a los cuatro vientos, salvo por un par de condiciones que le pusieron para «dársela», al sentenciarle que, llegando a la dirigencia municipal, debería, tendría, ¡estaba obligado cortar con la alianza!
Eso incluía enemistarse con Chava Calderón en lo local y romper relaciones con Gobierno del Estado, lo que sacudió a Ramón y lo obligó a declinar, porque significaría perder su nómina en la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común, y lo que explica por qué ni Memo ni Noel se dejan ver ni por asomo con el presidente municipal.
Acto seguido, Fernando Martínez Sosa, en representación de Alejandro Domínguez, anunció que no le movieran, que Ramón se bajaba de la contienda -¿cuál?- y que las cartas estaban cargadas ahora para Julio Yánez, sin convocatoria de por medio – más allá de cumplir el requisito de emitirla– y con una planilla única: él y Paulina Duarte, quienes llegarán bajo las mismas prácticas y los mismos métodos que, desde hace 95 años, son moneda de curso en el partido que, de revolucionario, solo le queda el nombre. El dedazo que dejó fuera del juego al suplente de Memo Ramírez y al regidor Vicencio Chávez, es el mismo que beneficiará a Julio cuando se oficialice que, por una falsa unidad, fue elegido por una militancia que no participó en ninguna contienda interna, so pena de que, quien se atreviera, quedaría congelado por, al menos, tres años o hasta más, si es que Ortiz o Domínguez logran perpetuarse más allá de sus periodos legislativos.
La esperanza de algunos es que Julio no haya perdido aquella visión que pregonaba de un PRI democrático e incluyente, que mantenga el hambre que le caracterizaba cuando se rasgaba las vestiduras defendiendo las siglas, cuando se apasionaba durante cada campaña. El reto pues para él es mayúsculo y podría representarle una ventaja que es un priista transgeneracional entre los que ya fueron y estuvieron cuando era el partidazo y los que están ahora con las puertas del Comité cerradas a quien no les rinde pleitesía.
¿Qué irá a hacer Julio Yáñez, entonces? ¿Entregarse a las órdenes de Chela o atreverse a marcar la diferencia, aunque en ella se le vaya la propia dirigencia? Al tiempo.