La contienda interna del PAN por la alcaldía de Chihuahua en 2027 todavía está en etapa temprana, pero ya empezó a enseñar los dientes. Y no tanto por los números —que también dicen mucho— sino por la forma en que los propios aspirantes los están leyendo a conveniencia.
César Jáuregui, el fiscal General del Estado, aparece al frente con 24.1 por ciento en la más reciente medición de Massive Caller, seguido por Rafael Loera con 17.6. Más atrás vienen Santiago de la Peña con 15.7 y Manque Granados con 14.8. Hasta ahí, es claro: hay dos punteros y un pelotón que intenta no rezagarse. Pero los números no pesan lo mismo que el cargo, y ahí es donde De la Peña ha logrado hacer más ruido del que sus porcentajes reflejan. No es lo mismo operar desde Desarrollo Humano que desde la Secretaría General de Gobierno.
El contexto sirve para entender por qué llamó la atención la declaración de Jáuregui cuando, sin rodeos, soltó que a De la Peña lo ve “muy lejos”. No es una frase menor. Es marcar territorio dentro de la narrativa interna. El problema es que, en política, ese tipo de comentarios rara vez se quedan sin respuesta.
De la Peña no solo contestó, sino que lo hizo con filo: le pidió que “no se ponga nervioso” y hasta le ofreció un “rebase por la derecha”. No fue una ocurrencia, fue un mensaje claro: no se asume como tercero, ni como rezagado, sino como alguien que está en la pelea y que, además, tiene con qué crecer. Porque si algo tiene esa posición en Gobierno del Estado, es margen de maniobra.
El intercambio, por supuesto, no tardó en ser matizado. Jáuregui salió después a bajar la temperatura, hablando de amistad, de unidad y de que “pronto se darán resultados”. El clásico control de daños cuando el jaloneo ya se hizo público. ¡Claro! Una cosa es competir y otra muy distinta exhibir fracturas antes de tiempo.
En medio de ese juego, hay un detalle que no pasa desapercibido: Rafael Loera, segundo en la encuesta, no está en la conversación mediática, al menos no con la misma intensidad. No confronta, no responde, no genera ruido. Y en una contienda electoral, porque esta ya lo es aunque esté muy adelantada, el silencio pesa más que los puntos. Podrá estar bien posicionado, pero si no lo ven, ¡no existe!
La fotografía que compartió la gobernadora Maru Campos también dice más de lo que aparenta. Ahí estaban Jáuregui, De la Peña, Granillo y Álvarez Monje, en un ambiente de cercanía, de equipo, de círculo cerrado. Rafa Loera no apareció. Y las fotos también son mensajes: quién está, quién no, y quién realmente está en la conversación donde se toman decisiones.
Con todo esto, el PAN sigue siendo competitivo frente a Morena (42.6 contra 34.7), pero eso no garantiza nada. De hecho, hace más delicada la elección interna. Porque no se trata solo de quién va arriba hoy, sino de quién puede sostener esa ventaja mañana sin fracturar al partido.
Al final, la contienda interna panista en Chihuahua no se va a definir únicamente por encuestas, sino por operación, cercanía con el poder y capacidad de construir acuerdos. Los números marcan tendencia, sí, pero las formas —y los roces— empiezan a marcar el rumbo.
Cuando los “amigos” comienzan a decirse ese tipo de cosas, es porque la competencia ya dejó de ser cordial.



