Hay algo distinto en el tono del alcalde Salvador Calderón y no es menor. Parece haber entendido, tarde o temprano, pero finalmente entendido que gobernar también implica saber comunicar, contener crisis y, sobre todo, no dejar vacíos que otros llenen. Lo del puente Cal y Canto fue un ejemplo claro: una decisión operativamente lógica, es decir, evitar el paso de motocicletas, que terminó convertida en un problema de derechos humanos por la falta de previsión. La reacción llegó después, sí, pero llegó. Los ajustes que, según Presidencia fueron en coordinación con la CEDH y no por la exigencia del regidor de Movimiento Ciudadano, y un discurso más estructurado que ya no solo apaga incendios, sino que intenta darles forma.
Parece que a Chava o a su equipo les cayó el veinte de qje no se trata solo de corregir, sino de cómo se corrige. En los últimos días, el alcalde ha elevado el tono. Ya no es únicamente el mensaje institucional plano, sino uno que empieza a señalar, a contextualizar y a deslindar. La reapertura del tanque de hidroterapia no solo fue presentada como obra social, sino como contraste con “años en los que mucho se dejó de hacer”.
En el tema del adeudo con la CONADE, el discurso fue todavía más directo: omisión, abandono y hasta posibles responsabilidades legales para administraciones anteriores. Sin dar nombres, pero dejando claro que los “muertitos” tienen origen.
Pero ese giro no tiene nada de casual. Las encuestas empiezan a pesar, y más cuando dicen que, aunque dentro del PAN hay respaldo, afuera la historia es otra. Más de la mitad de los parralenses no apoyaría una reelección, según Massive Caller, y eso obliga a ajustar estrategia. A eso se suma el ruido que generan otros perfiles que se mueven —unos con estructura, otros con narrativa— como el diputado Guillermo Ramírez o incluso figuras como Pedro Villalobos que, sin hacer demasiado ruido mediático, han logrado posicionamiento. En ese contexto, Calderón no podía seguir en modo administrativo: tenía que entrar en modo político.
Lo interesante es que el cambio, aunque evidente, todavía está en construcción. Hay avances en la narrativa, sí; hay mayor claridad en el mensaje, también. Pero sigue existiendo el riesgo de que las acciones vayan un paso detrás de la comunicación. ¿Por qué? Porque no basta con decir que se corrige, hay que evitar que los errores se repitan. Y ahí es donde se va a medir realmente si este “modo candidato” es solo una reacción momentánea, o el inicio de una estrategia más sólida de cara a lo que viene: las definiciones rumbo al 2027



