Miles de personas salen de sus casas desde antes del mediodía. Hay quienes llevan sillas, sombrillas, hieleras y hasta paciencia de sobra. Los niños esperan ver pasar a los caballos; los adultos reviven una tradición que lleva generaciones escribiéndose sobre las calles de Parral.
Y cuando comienza, no hay duda: sigue siendo una de las cabalgatas más grandes y emblemáticas del país.
Pero una tradición tan grande ya no puede seguir organizándose como si bastara con pedirle a la gente que “se porte bien”.
Ese modelo ya se agotó.
Durante años la cabalgata ha evolucionado para los cabalgantes. Ahora hay vehículos de apoyo, puntos de hidratación, sanitarios, logística para los contingentes y muchas comodidades que antes ni se imaginaban.
¿Y el público?
El público sigue esperando.
Esperando horas.
Esperando bajo el sol.
Esperando que alguien haga entender a ciertos contingentes que esto no es un paseo dominical, sino un desfile con miles de personas aguardando su paso.
Porque una cosa es disfrutar el recorrido y otra muy distinta convertir la cabalgata en un cuello de botella interminable.
A las cuatro de la tarde todavía seguían pasando grupos como si el reloj no existiera.
Mientras tanto, miles de familias continuaban atrapadas entre calles cerradas, calor intenso y una paciencia que ya parecía prueba olímpica.
Y aquí aparece el ingrediente que nunca falta cuando se acercan los tiempos políticos.
La política.
Porque sí, también llegó a caballo.
La presencia de simpatizantes de Cruz Pérez Cuéllar, presidente municipal con licencia de Ciudad Juárez, no pasó desapercibida. Banderas, promoción y un protagonismo que, para muchos asistentes, terminó robándose reflectores que deberían pertenecer únicamente a la tradición.
Peor aún, hubo momentos en que el avance de ese grupo se ralentizó considerablemente, provocando retrasos que terminaron afectando a los contingentes que venían detrás. Si fue estrategia, coincidencia o simple desorganización, cada quien sacará sus conclusiones. Lo cierto es que el resultado fue el mismo: una cabalgata todavía más lenta.
Y ahí está precisamente el error.
El Municipio no puede organizar un evento de esta magnitud suponiendo que todos jugarán limpio.
La política no funciona así.
Nunca ha funcionado así.
Los grandes eventos se planean pensando en el peor escenario posible, no en el ideal. Se controlan tiempos, velocidades, distancias entre contingentes y se toman decisiones incómodas cuando alguien rompe el ritmo.
Porque cuando un grupo decide detenerse, no se afecta solamente a quien viene atrás.
Se afecta a miles de personas.
Ser autoridad también significa poner orden cuando hace falta.
Ahora bien, tampoco todo fue negativo.
Hay que reconocer cuando las cosas salen bien.
La recepción que brindó el Gobierno Municipal a los cabalgantes de otros municipios, de otros estados y de fuera de la república fue cálida, bien organizada y con detalles que hicieron sentir bienvenidos a quienes recorrieron kilómetros para llegar a Parral. Ahí hubo oficio.
En la punta del contingente oficial también se observó armonía entre el alcalde Salvador “Chava” Calderón, el presidente del Congreso del Estado, Memo Ramírez, y el senador Mario Vázquez, quienes encabezaron el recorrido sin mayores sobresaltos.
Pero mientras adelante había coordinación, atrás la historia era completamente distinta.
Y eso también cuenta.
Porque el éxito de una cabalgata no se mide por la fotografía del presidium.
Se mide por la experiencia de las miles de familias que permanecieron durante horas esperando verla pasar.
Parral necesita dejar de pensar que esta tradición se organiza sola.
Necesita cronómetros.
Necesita mandos operativos.
Necesita coordinación entre Seguridad Pública, Protección Civil, Vialidad y los organizadores.
Necesita tomar decisiones incómodas cuando alguien retrasa deliberadamente el avance.
Y sí, también necesita entender que las campañas políticas no piden permiso para colarse en los eventos públicos.
Quien organiza debe estar preparado para eso.
Porque si algo quedó claro este año es que la cabalgata sigue siendo enorme, sigue emocionando y sigue uniendo a Parral.
Pero también quedó claro que ya le urge una sacudida de logística.
Las tradiciones sobreviven cuando evolucionan.
Y evolucionar, muchas veces, significa dejar de confiar tanto… y empezar a organizar mejor.
Posdata. Si hubo una escena que no pasó inadvertida fue el intento de un político por ingresar una camioneta de lujo al recorrido para alcanzar al contingente de Cruz Pérez Cuéllar. La maniobra generó momentos de tensión y fue ampliamente comentada entre asistentes y cabalgantes. No es la primera vez que este hombre aparece rodeado de polémica. En una celebración que pertenece a las familias y a las tradiciones de Parral, ese tipo de protagonismos terminan sobrando mucho más de lo que aportan.



